Intocables

Poco a poco se va perfilando en nuestra sociedad la silueta oscura de una casta muy parecida a la que, dentro de su sistema, establece el hinduismo: los intocables. Sin embargo, una y otra difieren en su forma de atender los preceptos de la ley. Nada tienen que ver los intocables de la India (confinados a las zahúrdas de la sociedad) y los nuestros, tocados tan sólo por la mano de la justicia, cuando cometen algún delito, con una palmadita en el hombro, como diciéndoles que con ellos no hay problema. Y de este injusto e ilegítimo privilegio parecen beneficiarse los de muy arriba (ricos, nobles, políticos…) pero también, sorprendentemente, los de muy abajo, mientras la sacrificada clase media trata, como puede, de cumplir con sus deberes de ciudadanos honestos y honrados.

Responsables de instituciones asistenciales, centros de acogida, parroquias, albergues…, por favor, tengan sumo cuidado en controlar quiénes reciben sus ayudas. Dense una vuelta por los aledaños de sus sedes físicas para ver si sus beneficiarios llegan con vehículos de alta gama. Observen que no luzcan ostentación alguna bajo la forma, por ejemplo, de joyas de oro macizo. Impidan que conviertan a sus hijos y a sus mayores en arietes para derribar los muros rígidos de nuestros corazones, quizás cada vez más inconmovibles por las situaciones de injusticia que a diario presenciamos. Porque, ahora más que nunca, es necesario separar el grano de la paja, pues no es la impunidad ante la ley la manera más ética de eliminar las diferencias sociales entre ricos y pobres.